Archivo de categorías:Historia

PorViana

Premios Príncipe de Viana

Los Premios Internacionales Príncipe de Viana se entregan desde 1990, otorgándose a personalidades y entes destacados en diferentes ámbitos. Pero, pese a esta relativamente reciente creación, los Premios Príncipe de Viana cuentan con una historia mucho más amplia, teniendo que remontarnos a 1940 para comenzar a profundizar en esta. Y es que fue en ese año cuando la Diputación Foral de Navarra constituyó una Institución con este nombre, con la intención de que comenzase a trabajar como Consejo autogestionado en el sector cultural navarro. Hasta ese momento, esta función había sido gestionada por la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra.

Inicialmente, la meta de esta Institución comprendía un amplio abanico de labores esencialmente culturales, destacando la dignificación histórica de la región y de los monumentos que la ensalzan, así como el fomento de las artes y la personalidad del pueblo navarro. Además, fue construida sobre tres pilares esenciales, que podemos dividir en las siguientes:

  • Restauración y conservación de la herencia artística del Reino.
  • Exploración y perfeccionamiento de sus costumbres, artesanía, historia, derecho y literatura.
  • Divulgación cultural a través de medios como las bibliotecas, museos, archivos o conferencias.

Medio siglo después de su creación, la Institución abarcaba un gran reconocimiento fruto de su gestión previa del sector cultural, tanto para la Diputación Foral como para el Gobierno, el cual acabó creando precisamente este Premio del que estamos narrando su historia. Recibió el nombre a modo de homenaje al título del heredero al trono del reino Carlos de Evreux, el mismo que se le dio previamente a la Institución, ya que representaba un ejemplo histórico de lo que significa la labor cultural en Navarra. Se estableció por Decreto Foral, habiéndose engendrado en el seno del Consejo de Cultura, encargado de asesorar, fomentar y reconocer, en definitiva, a todo aquel que promueva y fomente la cultura navarra en cualquiera de sus formas.

Premios Príncipe de Viana

El premio Principe de Viana

El premio, que es entregado anualmente, tiene como fin reconocer a estas personas e instituciones que se dedican a potenciar y promover la cultura en todas sus formas, ya sea a través del estudio o la investigación. En 2010, un nuevo Decreto sustituyó a estos premios (Príncipe de Viana de Cultura y el Internacional de Navarra a la Solidaridad) por otros tres, añadiéndose así un nuevo reconocimiento para la Atención a la Dependencia. La dotación económica en este año era igual para los tres, de 40.000€, pero dos años más tarde se verían afectados por recortes de presupuesto, los cuales les obligaron a volver a la situación previa en la que solo se entregaban dos menciones.

La localización del evento también se ha ido viendo modificada en esa etapa que acabamos de mencionar, aunque finalmente se continúe usando el monasterio de San Salvador de Leyre, como se hizo desde sus orígenes. Su Alteza Real el príncipe de Asturias se ha encargado de entregarlo desde 1993 hasta la actual edición, siendo acompañado por Doña Leticia, Princesa de Asturias y de Viana, desde su matrimonio.

PorViana

Príncipe de Viana

El Príncipe Carlos nació en Peñafiel, Castilla, el 29 de mayo de 1421. Fue heredero de los reinos de Navarra y Aragón aunque no acabó siendo nombrado monarca nunca, cosechando durante toda su biografía una serie de controversias con su padre que le convierten en un personaje digno de interés. Sin obviar, por otro lado, su amplia labor de mecenazgo cultural que promovió.

Su abuelo Carlos III fue el encargado de instaurar este Principado de Viana en 1423, que más tarde, tras su muerte, sería asimilado como el título otorgado a sus herederos. El Principado se localizaba al sureste del Reino, y comprendía varias villas incluso de términos no contiguos.

A los 18 años contrajo matrimonio con la princesa Inés de Clèves, quedando huérfano de su madre tan solo tres años después. Esta no era otra que la Reina Blanca, hija y heredera del rey Carlos III de Navarra. Esta le dio a luz un año después de casarse con el Infante Juan de Trastámara, a causa principalmente de su pretensión de reinar en Navarra. Lo hizo a la edad de 36 años, muy extraña en esa época. La infancia del Príncipe se desarrolló principalmente en el palacio de Olite, donde fue educado y formado en todas las disciplinas que se presuponían obligadas para su distinción real. En sus primeros años de vida, la influencia de su padre fue casi nula, ya que este se ocupaba la mayor parte de su tiempo de asuntos políticos del Reino de Castilla y Aragón, dejando a su mujer Blanca al cargo de todo lo relativo a su reino.

principe Carlos Viana

Blanca dejó a su muerte el destino de su hijo en manos de Juan II, el cual debía decidir si Carlos accedía a ocupar el trono, como se aclaraba en el testamento. Era el heredero de los Estados de Navarra y de Nemours, siendo su padre tan sólo el Rey consorte, pero este no quiso renunciar a su título y nombró al Príncipe de Viana como Lugarteniente General del Reino. Bajo este cargo, y enfrentado a su padre tras esta decisión, tuvo que afrontar una cruenta guerra entre agramonteses y beamonteses que duraría un periodo de once años, defendiendo precisamente los intereses de Juan II. A causa de esta batalla acabó preso en 1451, cuando se levantó contra su propio padre a causa de las desautorizaciones que este había manifestado frente a sus órdenes, llegando a un acuerdo con el condestable de Castilla, Álvaro de Luna, intentando derrotar al ejército agramontés. Pero esta alianza no triunfó y el Príncipe de Viana fue derrotado y apresado, siendo dos años más tarde liberado aunque desterrado por su padre.

PorViana

Leyre y la Historia de Navarra

Leyre es la tumba de los primeros reyes de Pamplona, entre los siglos IX y X, desde Íñigo Arista hasta Sancho Garcés II Abarca. La primera referencia de la existencia del monasterio se encuentra en una carta del presbítero cordobés Eulogio datada en 851 y dirigida al obispo de Pamplona en la que recuerda su estancia en el monasterio tres años antes con ocasión de un viaje que realizó hacia tierras germánicas.

La siguiente referencia histórica es el traslado de los restos de las santas Nunilo y Alodia a Leyre, dos mujeres de la localidad oscense de Adahuesca, decapitadas en 851 por no aceptar la religión musulmana. También Eulogio fue más tarde martirizado en Córdoba por lo que fue elevado a los altares. Estas primeras referencias ya dan noticia de que Leyre adquirió relevancia creciente en el contexto del proceso que más tarde se llamó la Reconquista y en la  consecuente formación de los primeros reinos cristianos de la Península.monasterio de Leyre

En la época en la que Eulogio viajó por Navarra, las relaciones entre cristianos y musulmanes, es decir, entre el reino de Pamplona y los visigodos islamizados Banu Qasi de la Ribera, eran buenas, pero esta situación cambió a la muerte de Íñigo Arista, cuando su hijo García Íñiguez se alió con los asturianos del rey Ordoño para enfrentarse a los musulmanes en la batalla de Clavijo (858) donde derrotaron a los Banu Qasi.

La derrota provocó una intervención del califa cordobés Abd al Rahman III, que invadió Navarra, saqueó Pamplona y llevó las razzias hasta las tierras de Leyre, obligando a su clero y a la corte a refugiarse en este monasterio, que se convirtió en sede episcopal hasta 1023. El rey Fortún Garcés de Pamplona, que era abuelo de Abd al Rahman tomó los hábitos monacales en Leyre. El resultado de estos lances fue que Leyre se convirtió en el monasterio de referencia para los reyes pamploneses que sucesivamente le hicieron repetidas donaciones de tierras y donde se educó Sancho III el Mayor (990-1035).

La iglesia del monasterio había quedado parcialmente destruida, excepto la cripta y la cabecera, por los ataques de los musulmanes, y se levantó una nueva, más grande, que se consagró en 1057. Fue una época de creciente importancia y expansión de Leyre, que, bajo Sancho Garcés IV el de Peñalén, llegó a tener en sus dominios una treintena de parroquias y monasterios agregados.

Los conflictos políticos y eclesiásticos que siguieron a la muerte del de Peñalén  (1076) afectaron a Leyre, que quedó bajo el mandato de la diócesis de Pamplona e inició un periodo de crisis que llegó hasta el siglo XIII. El cambio de la dinastía de los Teobaldos por la de Champaña coincidió con el declive de los benedictinos y el auge de los cistercienses, que asumieron la regencia del monasterio en 1239, un paso que se dio no sin conflicto por la resistencia de los primeros. Los cistercienses no enderezaron el declive de Leyre, que en 1269 fue convertido en una filial bajo la autoridad del abad de La Oliva.

Este estado de decadencia sigue hasta el siglo XVI y en 1610, todos los monasterios del Reino de Navarra se incorporan a la congregación cisterciense de la Corona de Aragón para resolver el problema de la baja formación intelectual de los monjes, como ya habían denunciado las Cortes de Navarra. La incorporación a la congregación aragonesa revitalizó la vida intelectual y religiosa de Leyre y significó un nuevo y relativo auge de la abadía, que en 1562 había iniciado la construcción del nuevo monasterio, entre la iglesia y el valle (hoy ocupado por el embalse de Yesa) en sustitución del viejo edificio, que se ubicaba en la vertiente norte, bajo la sierra, en el lugar donde ahora se levanta la hospedería.

El proceso de secularización que llevaron a cabo las revoluciones del XIX obligó a los monjes a abandonar el monasterio en tres ocasiones, 1809, 1820, cuando se incautaron los archivos y la biblioteca y se dispersan las reliquias por las iglesias de la zona, y por último, en 1836 con ocasión de la llamada desamortización de Mendizábal, que puso en venta los inmuebles, que no tuvieron sin embargo comprador. El resultado es que el monasterio permaneció en desuso hasta mediados del siglo XX, si bien en ese periodo las autoridades adoptaron diversas medidas para salvar el panteón de los reyes, que fueron trasladados a Yesa, y en 1867 la iglesia del monasterio fue declarada monumento nacional y reabierta al culto en 1875, a donde de nuevo se trasladaron con carácter solemne los restos de los reyes en 1915.

En 1935 se iniciaron excavaciones arqueológicas en la cripta y en la iglesia y después de la Guerra Civil tomó impulso el proyecto de restaurar el monasterio a iniciativa de la Diputación Foral de Navarra. El proyecto de restauración lo firmó el arquitecto José Yárnoz y se presentó en 1945. Nueve años después, el 10 de noviembre de 1954, se restauró la vida monacal con una comunidad benedictina de la congregación de Solesmes procedente de la abadía de Santo Domingo de Silos, y en 1965 el monasterio recuperó la dignidad eclesiástica de abadía.