Leyre y la Historia de Navarra

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Leyre y la Historia de Navarra

Leyre es la tumba de los primeros reyes de Pamplona, entre los siglos IX y X, desde Íñigo Arista hasta Sancho Garcés II Abarca. La primera referencia de la existencia del monasterio se encuentra en una carta del presbítero cordobés Eulogio datada en 851 y dirigida al obispo de Pamplona en la que recuerda su estancia en el monasterio tres años antes con ocasión de un viaje que realizó hacia tierras germánicas.

La siguiente referencia histórica es el traslado de los restos de las santas Nunilo y Alodia a Leyre, dos mujeres de la localidad oscense de Adahuesca, decapitadas en 851 por no aceptar la religión musulmana. También Eulogio fue más tarde martirizado en Córdoba por lo que fue elevado a los altares. Estas primeras referencias ya dan noticia de que Leyre adquirió relevancia creciente en el contexto del proceso que más tarde se llamó la Reconquista y en la  consecuente formación de los primeros reinos cristianos de la Península.monasterio de Leyre

En la época en la que Eulogio viajó por Navarra, las relaciones entre cristianos y musulmanes, es decir, entre el reino de Pamplona y los visigodos islamizados Banu Qasi de la Ribera, eran buenas, pero esta situación cambió a la muerte de Íñigo Arista, cuando su hijo García Íñiguez se alió con los asturianos del rey Ordoño para enfrentarse a los musulmanes en la batalla de Clavijo (858) donde derrotaron a los Banu Qasi.

La derrota provocó una intervención del califa cordobés Abd al Rahman III, que invadió Navarra, saqueó Pamplona y llevó las razzias hasta las tierras de Leyre, obligando a su clero y a la corte a refugiarse en este monasterio, que se convirtió en sede episcopal hasta 1023. El rey Fortún Garcés de Pamplona, que era abuelo de Abd al Rahman tomó los hábitos monacales en Leyre. El resultado de estos lances fue que Leyre se convirtió en el monasterio de referencia para los reyes pamploneses que sucesivamente le hicieron repetidas donaciones de tierras y donde se educó Sancho III el Mayor (990-1035).

La iglesia del monasterio había quedado parcialmente destruida, excepto la cripta y la cabecera, por los ataques de los musulmanes, y se levantó una nueva, más grande, que se consagró en 1057. Fue una época de creciente importancia y expansión de Leyre, que, bajo Sancho Garcés IV el de Peñalén, llegó a tener en sus dominios una treintena de parroquias y monasterios agregados.

Los conflictos políticos y eclesiásticos que siguieron a la muerte del de Peñalén  (1076) afectaron a Leyre, que quedó bajo el mandato de la diócesis de Pamplona e inició un periodo de crisis que llegó hasta el siglo XIII. El cambio de la dinastía de los Teobaldos por la de Champaña coincidió con el declive de los benedictinos y el auge de los cistercienses, que asumieron la regencia del monasterio en 1239, un paso que se dio no sin conflicto por la resistencia de los primeros. Los cistercienses no enderezaron el declive de Leyre, que en 1269 fue convertido en una filial bajo la autoridad del abad de La Oliva.

Este estado de decadencia sigue hasta el siglo XVI y en 1610, todos los monasterios del Reino de Navarra se incorporan a la congregación cisterciense de la Corona de Aragón para resolver el problema de la baja formación intelectual de los monjes, como ya habían denunciado las Cortes de Navarra. La incorporación a la congregación aragonesa revitalizó la vida intelectual y religiosa de Leyre y significó un nuevo y relativo auge de la abadía, que en 1562 había iniciado la construcción del nuevo monasterio, entre la iglesia y el valle (hoy ocupado por el embalse de Yesa) en sustitución del viejo edificio, que se ubicaba en la vertiente norte, bajo la sierra, en el lugar donde ahora se levanta la hospedería.

El proceso de secularización que llevaron a cabo las revoluciones del XIX obligó a los monjes a abandonar el monasterio en tres ocasiones, 1809, 1820, cuando se incautaron los archivos y la biblioteca y se dispersan las reliquias por las iglesias de la zona, y por último, en 1836 con ocasión de la llamada desamortización de Mendizábal, que puso en venta los inmuebles, que no tuvieron sin embargo comprador. El resultado es que el monasterio permaneció en desuso hasta mediados del siglo XX, si bien en ese periodo las autoridades adoptaron diversas medidas para salvar el panteón de los reyes, que fueron trasladados a Yesa, y en 1867 la iglesia del monasterio fue declarada monumento nacional y reabierta al culto en 1875, a donde de nuevo se trasladaron con carácter solemne los restos de los reyes en 1915.

En 1935 se iniciaron excavaciones arqueológicas en la cripta y en la iglesia y después de la Guerra Civil tomó impulso el proyecto de restaurar el monasterio a iniciativa de la Diputación Foral de Navarra. El proyecto de restauración lo firmó el arquitecto José Yárnoz y se presentó en 1945. Nueve años después, el 10 de noviembre de 1954, se restauró la vida monacal con una comunidad benedictina de la congregación de Solesmes procedente de la abadía de Santo Domingo de Silos, y en 1965 el monasterio recuperó la dignidad eclesiástica de abadía.

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